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El artista y la musa: MUSEO

Galería de arte

Ágata, por Kamul

gurrupurru
gurrupurru — La séptima propuesta para el concurso de musas guardianas es obra de Kamul y a continuación habla ella:

Mi nombre es Ágata. Me llaman la musa bipolar.

Antes no era muy diferente de otras musas. Me gustaban, y me siguen gustando, las cosas bellas y emocionales. Siempre he adorado las historias que hablan de grandes sentimientos, pequeños momentos divertidos, aventuras y escenarios hermosos, esas historias que consiguen hacer que ames a sus protagonistas e incluso a sus secundarios.

Pero un día descubrí una caverna. Decidí explorarla, movida por la curiosidad. En su interior encontré varias obras de los artistas a los que había inspirado en el pasado. De pronto escuché una voz extraña, apenas un susurro, que empezaba a criticar pequeños detalles que podrían haberse mejorado en las obras. Me fijé en ellos, tomando buena nota... Hasta que la voz siguió hablando, pero cada vez más fuerte, delatando todas y cada una de las imperfecciones que tenían las obras. Y para cuando quise darme cuenta, ya no había nada en esas maravillas que pudiera amar. Eran sólo una amalgama de fallos, incorrecciones y burdos intentos de alcanzar el ideal que deseaba. Y para aquel entonces, la voz era un grito desgarrador que retumbaba por todas las paredes de la caverna y enmudecía mi propia voz.

Justo a mi lado se apareció un monstruo, que no dejaba de gritar, y cada palabra suya era veneno. Odiaba las obras que yo tanto amaba, insultaba con una crueldad apabullante a los artistas que las ejecutaron, y lo peor de todo, empezó a contagiarme a mí de ese odio. Me sentí estúpida por haber dedicado mi tiempo y esfuerzo a todos esos farsantes que se hacían llamar “artistas”. Con el corazón destrozado abandoné la caverna, renegando de mi condición, pero el monstruo me siguió, y terminamos siendo uno. Me contaminó con su discurso de odio y acosé a los artistas a los que antes había admirado. Les hice odiar su propia obra, tal y como mi acompañante la odiaba también. Hundí su moral y su confianza, y creía que con ello alcanzaría la paz tras el dolor que me había causado la visita a la caverna. Pero ese dolor tan sólo aumentó. Y el veneno del monstruo no se aliviaba, al contrario, se cebaba cada vez más en los artistas y en mí misma como un medio para su propia satisfacción.

Un día me harté, aquello tenía que acabar. Pero ya era demasiado tarde para hacerle frente. Lo que yo me esforzara en crear él se esforzaba en destruirlo. Era una lucha que estaba destinada a perder. Entonces conocí a un artista muy especial, que también sufrió el acoso de mi insaciable compañero. Pero a diferencia de sus predecesores, él asimiló todo ese odio y esa ira sin sentido, y los canalizó a través de su obra. Sus lienzos y guiones mostraron historias terroríficas: manicomios, visiones de horrores cósmicos, nigromancia, pesadillas que acechan a los durmientes, mundos paralelos, sin esperanza, agentes inhumanos que espían cada uno de nuestros movimientos... Historias que me helaban la sangre y me horrorizaban. Pero él se sentía tranquilo y apacible después de dejar constancia de ellas. Y al contemplar todo ese cúmulo de emociones oscuras, el monstruo acalló su voz. De algún modo no encontraba nada que intoxicar en la expresión de un mundo que, a fin de cuentas, era pura toxina. Y cuando se vio mermado y reducido, incapaz de afectar como él deseaba al artista, sentí que recobraba mis fuerzas. Y entonces pude volver a dirigirme a él como antaño, pude inspirarle para crear cosas hermosas, cosas que me hicieran sentir bien conmigo misma. Y él recibió mis ideas con el corazón abierto, pues las amaba tanto como disfrutaba plasmando sus sentimientos más oscuros y dándoles forma en un lienzo o una página.

El monstruo sigue formando parte de mí. De vez en cuando toma el control y se dedica a lanzar críticas mortales y destructivas sobre la obra de mis artistas, pero entonces yo les ayudo a tomar las riendas y buscar la forma de emplear esa misma agresividad a su favor. No siempre es un trabajo fácil: con frecuencia, los rugidos del monstruo son tan fuertes que ahogan cualquier palabra de aliento. Pero cuando uno ha tocado fondo en el pozo, el único camino que le queda es hacia arriba. Y entonces allí estaré yo, dispuesta a devolverles el ánimo. Pues en presencia de la luz, la oscuridad retrocede.

Así pues, mi prueba consiste en la misma caverna en la que entré yo. Las musas deben aprender que ellas mismas, tarde o temprano, encontrarán un monstruo, al igual que yo, que existe sólo para alimentarse de la frustración y el odio de los artistas hacia sí mismos. Y tienen que aprender que, si quieren inspirar y ayudar a su artista a lograr grandes cosas, deben enseñarle a perderle el miedo a sus atroces gruñidos, y aprovecharlos de una forma instructiva.
 

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    1. Avatar de francis
      francis dijo el 20/10/2014

      Nya, que currazo se ha pegado Kamul :3
    2. Avatar de gurrupurru
      gurrupurru dijo el 29/09/2014

      @Kamul: Muy bueno :)
    3. Avatar de Ovi-One
      Ovi-One dijo el 29/09/2014

      @Kamul: Me he reído con eso. XDD
    4. Avatar de Kamul
      Kamul dijo el 29/09/2014

      @Ovi-One: La Musadilla.
      Suena a nombre de queso de untar xDDD
    5. Avatar de Ovi-One
      Ovi-One dijo el 29/09/2014

      La musa de las pesadillas.
    6. Avatar de NecroCC
      NecroCC dijo el 29/09/2014

      me da miedo, pero me encanta XDDDD
    7. Avatar de Zeroragnarok
      Zeroragnarok dijo el 29/09/2014

      me gusta =). asi pintaba antes
    8. Avatar de FriKitty
      FriKitty dijo el 29/09/2014

      @pziko: xDDD
    9. Avatar de zeentury
      zeentury dijo el 29/09/2014

      Muy currado. ;D
    10. Avatar de Pol00
      Pol00 dijo el 28/09/2014

      Qué lovecraftiana :D
      Es interesante su prueba, estaría bien ver cóm ose enfrentan a ella nuestra pareja :)
    11. Avatar de pziko
      pzikom dijo el 28/09/2014

      Kamul está enfermito enfermito. Me mola